
Leo asombrada en el diario "El Mundo" que cada mañana tengo minimizado en el ordenador de mi oficina y que abro cada hora más o menos, para estar al tanto de lo que pasa fuera, y devoro atónita la historia de Elvira encerrada en su burbuja.
Elvira era una chica normal hasta que se le detectó una enfermedad llamada "Sensibilidad Química Múltiple". Es la respuesta fisiológica de algunos individuos frente a multitud de agentes y compuestos químicos que se pueden encontrar en el medio ambiente, desde metales a alimentos, pasando por medicamentos, productos de perfumería, insecticidas, humos... resumiendo:el mundo.
Elvira fue a Estados Unidos a someterse a un tratamiento único en el mundo, en Dallas, que le ha funcionado muy bien, tras años de vivir aislada en una burbuja. El problema radica en que todo lo conseguido en Dallas puede quedarse en nada si Elvira no consigue regresar a España en un vuelo especial higienizado y esterilizado cuyo coste es de 80.000€, el simple olor a un perfume o la luz del sol ( porque también la fotofobia es parte de esta enfermedad) podría causarle una crisis mortal.
La Consejería de la Comunidad Valenciana anunció ayer que se hará cargo del costosísimo tratamiento de Elvira, pero no de su traslado, ya que éste sería competencia de Asuntos Exteriores. En el periódico se dice que Exteriores "no ha dejado clara su posición" y la "chica de la burbuja" que lleva aquejada de esta enfermedad desde 2005, sigue esperando una respuesta. Su familia se ha gastado desde los inicios 150.000€ y comentan que si la vuelta a España no es en un vuelo burbuja habrá sido como tirar el dinero.
Elvira era una chica sana, que usaba cremas, colonias... y ahora le separa de la gente que más quiere un tinte de pelo o un jabón. Vive a oscuras, en una burbuja y dice una cosa que me toca el corazón de una forma brutal: " lo que más echo de menos son los abrazos".