
Semanas atrás me levanté un sábado sobre las 11 y al encender el móvil me encontré con llamadas perdidas de mi madre y de Oliver. Mi amigo me dejó un mensaje en el contestador que de tanto oírlo lo memoricé: “Cata, ¿no estás viendo la tele? Te estoy llamando y tienes el móvil apagado…Cata, que La Campanario llamó a DEC…No me puedo creer que no lo estés viendo…Esto es un antes y un después en la historia de España”. Muerta me quedé. Llamé a mi madre, que ni me saludó. Era tanta la información atropellada que de daba que solo recuerdo frases sueltas: “llamó La Campa…harta de la suegra…llorando…búscalo en internet…pero ¿cómo que te dormiste?……” y terminó con un rotundo: “¡es una señora!”
Angustiada y maldiciendo al mundo por perderme semejante momento histórico, pitando me fui a San Youtube: nada. Página de Antena 3: nada. Llamo a Oliver para que me lo cuente otra vez. Él reproduce lo que vi un par de días después.
Juro que al escuchar aquella llamada desgarradora, comprobé una vez más que María José es la gran desconocida. Cuando oí aquél medio grito en que decía “¡estoy cansada…!” pensé que iba a decir lo que en su día se convirtió en el grito de guerra de mi Pantoja y que María José diría: “¡ estoy cansada de la familia Rivera!” Pero no, que bastante tiene la pobre mujer con “Falcon Ambiciones” como para encima enfrentarse a los Pakirris.
Siempre pensé que nos equivocábamos con ella. Nos la han querido pintar como la mala de la película sin razón.
La otra España, la de la madre coraje, chica de barrio mal hablada, personaje que vive de las rentas con programa diario a sus servicios y público jaleándola, ha confundido a la gente. La única aportación al mundo que ha hecho La Esteban ha sido aquella canción impagable de “estoy super feliz, estoy super feliz…” y el “amos” que últimamente digo a menudo, muy a mi pesar. Es más, creo que si hiciéramos una encuesta, este país sufre a Belén en silencio, como las hemorroides. Esteban, desde aquí te lo digo: “opérate las bolsas de los ojos y cállate un ratito, anda.”
Maria José vive en el campo, probablemente sin un Corte Ingés y un Zara cerca, que bastante penitencia es ya. Aguanta a su suegra and family chupando de la teta inagotable de su marido como puede (una suegra que le lleva a tu novio un cola-cao por la noche sin llamar a la puerta, no es una buena suegra) se traga las películas de cuñados, suegro (el Tigre de Ambiciones se merece un post para él solo, así que no digo más) con excursionistas jubilados que se sacan fotos frente a la finca, prensa a todas horas… Y la tía aguanta el tirón. De vez en cuando suelta sus pullitas, se ocupa de su casa y de sus hijos, ayuda en muchas causas benéficas y también da alguna exclusiva al “Hola”, cosa que yo le agradezco en el alma porque soy adicta a La Biblia y sus niños me parecen preciosos.
¿Por qué hemos sido tan injustos con esta mujer? Se de muchísima gente que cambió la imagen que de ella se tiene después de aquella llamada, así que: “¡Campa, llama!” A mi, siempre me cayó bien. Me gusta su aplomo, su ironía, su mala leche cuando la saca, sus silencios, sus miradas y la veo más humana que a la madre coraje de barriada. Y sobretodo, más Señora.
Angustiada y maldiciendo al mundo por perderme semejante momento histórico, pitando me fui a San Youtube: nada. Página de Antena 3: nada. Llamo a Oliver para que me lo cuente otra vez. Él reproduce lo que vi un par de días después.
Juro que al escuchar aquella llamada desgarradora, comprobé una vez más que María José es la gran desconocida. Cuando oí aquél medio grito en que decía “¡estoy cansada…!” pensé que iba a decir lo que en su día se convirtió en el grito de guerra de mi Pantoja y que María José diría: “¡ estoy cansada de la familia Rivera!” Pero no, que bastante tiene la pobre mujer con “Falcon Ambiciones” como para encima enfrentarse a los Pakirris.
Siempre pensé que nos equivocábamos con ella. Nos la han querido pintar como la mala de la película sin razón.
La otra España, la de la madre coraje, chica de barrio mal hablada, personaje que vive de las rentas con programa diario a sus servicios y público jaleándola, ha confundido a la gente. La única aportación al mundo que ha hecho La Esteban ha sido aquella canción impagable de “estoy super feliz, estoy super feliz…” y el “amos” que últimamente digo a menudo, muy a mi pesar. Es más, creo que si hiciéramos una encuesta, este país sufre a Belén en silencio, como las hemorroides. Esteban, desde aquí te lo digo: “opérate las bolsas de los ojos y cállate un ratito, anda.”
Maria José vive en el campo, probablemente sin un Corte Ingés y un Zara cerca, que bastante penitencia es ya. Aguanta a su suegra and family chupando de la teta inagotable de su marido como puede (una suegra que le lleva a tu novio un cola-cao por la noche sin llamar a la puerta, no es una buena suegra) se traga las películas de cuñados, suegro (el Tigre de Ambiciones se merece un post para él solo, así que no digo más) con excursionistas jubilados que se sacan fotos frente a la finca, prensa a todas horas… Y la tía aguanta el tirón. De vez en cuando suelta sus pullitas, se ocupa de su casa y de sus hijos, ayuda en muchas causas benéficas y también da alguna exclusiva al “Hola”, cosa que yo le agradezco en el alma porque soy adicta a La Biblia y sus niños me parecen preciosos.
¿Por qué hemos sido tan injustos con esta mujer? Se de muchísima gente que cambió la imagen que de ella se tiene después de aquella llamada, así que: “¡Campa, llama!” A mi, siempre me cayó bien. Me gusta su aplomo, su ironía, su mala leche cuando la saca, sus silencios, sus miradas y la veo más humana que a la madre coraje de barriada. Y sobretodo, más Señora.
Velvetina: cuando contaste en tu blog que la conociste en un acto de ayuda a nuestro niño Juanma, recuerdo tus palabras: "para mi ha dejado de ser La Campanario y ahora es María José." Para ti va este post dedicado. Con todo el cariño que sabes que te tengo.