
En el año 2001 me fui a vivir a
Oxford. Me me fui con un trabajo que me consiguieron en una agencia de asistenta de dirección de un pequeño hotel con solo 22 habitaciones. Cuando me entrevisté con el Director del hotel por teléfono me dijo que me podía conseguir alojamiento en la casa de una señora que trabajaba por horas en la lavandería del hotel. Acepté sin pensármelo y para allá me fui, sin saber cuanto tiempo estaría y con un inglés que yo creía aceptable, pero que en cuanto llegué me di cuenta que era lamentable.
Tengo la suerte de que tengo una prima viviendo cerca de Londrés y me quedé en su casa cuatro días antes de llegar a mi destino.
Mi primera sensación cuando empecé a conocer Inglaterra, es que en vez de venir de España, venía del Paleolítico. En las estaciones de tren habían ordenadores de pago a modo de cabinas de teléfono para conectarte a internet, en los centros comerciales había baños de hombres, de mujeres, de minusválidos y para madres con hijos pequeños: con sillones para darles cómodamente el pecho, cambiadores de bebés. No me lo podía creer. También me llamó la atención que los semáforos pasaran por el amarillo antes de cambiar al verde, y no solo al contrario como aquí, y desde que te colocabas en el paso de peatones para cruzar todos los coches paraban de inmediato. En los supermercados, al terminar la compra si pagabas con tarjeta, la cajera te preguntaba si querías dinero en efectivo y en caso afirmativo te lo daba y te ahorrabas pasar por el cajero. Nunca había salido de España y me parecía todo tan moderno...
Cuando llegué al hotel, me pareció horrible de entrada, luego empecé a cogerle el punto hortera de las paredes empapeladas de unos estampados imposibles y hasta me terminó gustando. Bueno, no.
Pero lo mejor estaba por llegar cuando entré en la que sería mi casa. ¡Ay Dios! Era en un barrio muy humilde, por no decir pobre, pobre y los dueños de la casa eran un matrimonio de 70 años.
Él era
igualito al actor que interpretaba
Fredy Kruger, que
también era el lagarto de "V" que vivía con la resistencia, pero con treinta años más, posiblemente el señor más feo que he conocido nunca. Ella,
Mikie, una señora encantadora que me recibió con mucho cariño. En la casa había otro inquilino, se llamaba
Wellintong y era un perro que tenía 15 años, que nunca corrió, ni ladró y que siempre me pareció que estaba al borde de la muerte, viendo el túnel con la luz al fondo, vamos. No soy amante de los animales, probablemente porque nunca los he tenido, y juro que en los seis meses que viví allí nunca lo toqué.
Welly, desprendía un olor insoportable que luego supe por el anterior chico que vivió allí durante dos años, que nunca lo habían bañado. En los seis meses que yo estuve allí, tampoco.
La tarde en que llegué con mi prima y su familia, nos percatamos pronto de que el matrimonio no tenía ni idea de español. A la media hora de llegar le comenté a mi prima en voz baja, por si acaso: " la señora me dio olor a bebida", ella me dijo que había notado lo mismo pero que luego se había dado cuenta de que era de un caramelo que tenía en la boca.
El caramelo resultó ser una botella de
whisky que se bebía en un día y que mezclaba con cerveza de 8,5º. Aparentaba tener 10 años menos de los que tenía, claro, estaba conservada en formol, y aunque era un encanto, a partir de las seis de la tarde se ponía cariñosa y me decía :"I'm
your second mother, I
love you.....". Entonces me metía en el cuarto para no verla ir dando tumbos hasta la habitación.
En los meses de invierno en los que
anochecía a las cuatro de la tarde y el frío no me dejaba vivir, me salvó la lectura, Mi País del domingo que me llegaba el lunes y me costaba 600 pesetas y las llamadas diarias de mis padres gracias al Europa 15.
Una mañana me levanté a las siete de la mañana para ir a trabajar y la vi bebiendo directamente de la botella de
whisky, empinando el codo en el sentido más literal de la expresión, ese día decidí venirme a casa. Volver al Paleolítico de mi alma, que es donde mejor se vive aunque tengas que poner cara de pena y suplicar para que los coches se paren en los pasos de peatones.