




Málaga, Ronda, Cádiz, Sevilla...mis vacaciones. Imposible describirlas. Dije que colgaría fotos y aquí están.
Disfruté de cada minuto, de cada mirada, de cada bocado de pescaíto frito, de cada gamba (yo, que no como marisco) de cada ola que me golpeaba, de cada tinto, de cada chapuzón, de cada de golpe de viento que me daba en la cara subida en aquel cochazo (antes muerta que sencilla) de esas tiendas en Puerto Banús a las que no me atreví a entrar, que por muy Hija de Dior que sea, si no puedo comprar, no entro.
Sería imposible resumir, contar, describir lo que sentí en este viaje. Si lo tuviera que escribir en una frase diría que fue el viaje de la confirmación, si, la confirmación de la amistad, del cariño, del amor hacia el amor de mi vida. De la alegría, las sevillanas, los ciervos, de los girasoles, de la tortilla de papas cruda más buena del mundo, de las piscinas recién estrenadas.
Fue el viaje de las manos entrelazadas, de las flores, de los mojitos, del olor a mar, de los espetos, de sentirme como en casa en todas las casas ajenas y hoteles a donde fuimos.
No sentí el calor, no me quejé de no parar de sudar, ni de los mosquitos (que nunca me pican porque mi sangre será de la mala) de los días que madrugué, de hacer y deshacer maletas, del trajín, de las cisternas rotas, de hacer una hora más de camino por perdernos con el coche.
No me quejo de nada, porque mi viaje fue perfecto.
No me quejo de nada, porque mi viaje fue perfecto.
Los que me acompañaron, lo que me enseñaron, los que me quisieron, los que me abrazaron, los que se despidieron con lágrimas en los ojos….todas esas personas, hicieron de mis vacaciones, las más felices que recuerdo.
Gracias de todo corazón.