
Antes de comenzar este relato quiero advertir, para no herir sensibilidades, que mi madre no tuvo nada que ver en la muerte de Michael Jackson.
Ella, como ya expliqué en otra ocasión en que relaté a mi familia (pincha aquí si quieres recordarlo, que sino te pierdes) receta a amigos y familiares sin ser médico, pero lo hace con un acierto tal que hasta los propios médicos le consultan.
Mi madre puso en auge durante unos años una modalidad que muchas amigas suyas pusieron en práctica (como la abuela de Victoria, que no doy su nombre para no ser culpable de su divorcio) que consistía en vaciar los antigripales si mi progenitor se enfermaba en épocas navideñas y así evitar vestirse de gala, maquillarse y exponerse a la opinión de La Palma, siempre cruel cuando se trata de competir en belleza, en donde primero te hacen una radiografía de arriba a abajo y luego te felicitan el año.
Fueron varios los años en que mi padre se constipó días previos a Año Nuevo y mi madre solo se limitó a darle las pequeñas cápsulas vacías que hacían un efecto nulo en el estado gripal de mi padre (a su favor recuerdo que las enfermedades de los hombres nunca son ni la mitad de graves que en las mujeres y siempre tienen un porcentaje elevadídimo de cuento chino) y así quedarse en casa viendo a Martes y Trece o los musicales lamentables de José Luis Moreno... ¿qué hay de malo en eso?
No solo lo hacía, sino que además lo contaba, incluso a él, a toro pasado. Y así sus amigas se fueron contagiando de esa nueva modalidad a la que podríamos titular: "por un mundo sin Fin de Año en la calle" y hubo alguna (mi madre nooooo....bueno, no me atrevería a jurarlo) que pasó de eso a vaciar el contenido de alguna cápsula de tranksilium en el café con leche lo que provocaba una somnolencia tal, que lo menos que le apetecía a los caballeros era ponerse de tiros largos. Mejor pijama y a la cama.
Ella siempre recetó. Lo hace aun hoy con Mi Príncipe, que hace unas semanas le contaba su dolor lumbar como si estuviera hablando con su médico de cabecera. Esto carecería de importancia si pasamos por alto el detalle de que la madre de mi Principito es médico, y acepta resignada que su hijo pida ayuda médica a mi madre antes que a ella.
Parece fuerte, pero es así. Mi madre es capaz de diagnosticarte una enfermedad con un margen de error cero. Nunca estudió medicina pero sabe tanto de medicamentos que es la mejor médico del mundo.
Hace unos días en el almuerzo le decía a mi padre, con toda la soltura del mundo y el bagaje de su ¿profesión? que no ve normal que con el azúcar que tiene se tome media pastilla, que según ella se debería tomar una entera por la mañana y otra por la noche en lugar de la mitad. Al final de su diagnóstico apostillaba un "pero vete al médico a ver que te dice". Él ponía cara de: "iré, pero me dirá lo mismo que me dices tú, como siempre".
Lo peor (o lo mejor) es que si la oyes hablar, te la crees y terminas teniendo fe en ella como si tuvieras delante al Doctor Beltrán.













